Por Gabriela Delgado

Me encontré unos textos del libro Mutaciones del cine contemporáneo, de Jonathan Rosenbaum y Adrian Martin [coordinadores, Errata Naturae, Madrid, 2010] sobre varios críticos de arte y cine que reflexionan sobre la evolución del cine y los cinéfilos desde los años 50 hasta nuestros días. Estos críticos, nacidos entre los años 60 y 70, cuentan sus experiencias sobre el amor y pasión que tienen hacia el cine, y cómo este ha ido cambiado tanto su enfoque a la hora de realización como el significado que quiere que el espectador capte y lo haga permanente en su ser.

 Lo que se me hace interesante de estas reflexiones no es tanto el cómo argumentan estos críticos sus posiciones acerca de lo que era el cine y lo que es ahora, sino el delimitar un cierto tipo de cinéfilos en diferentes épocas del siglo XX y siglo XXI. Los 5 escritores que aparecen en estos textos son de diferentes generaciones: unos vivieron su niñez en los 60 y otros en los 70.  Hay dos momentos en concreto que, según estos expertos en la materia, definen a materialidad y espíritu del cine en su totalidad: los años sesenta y los años ochenta.

 Sabemos que varios movimientos influenciaron en el surgimiento de una nueva percepción de la imagen en movimiento: La Nouvelle Vague, la revolución estudiantil de mayo del 68 en París, la guerra de Vietnam y el comienzo del dominio de los medios masivos de comunicación, por mencionar algunos. Directores como Godard, Truffaut, Renais y Rivette son sólo unos pocos de los magníficos realizadores del séptimo arte que apantallaron y marcaron la historia del cine con un enfoque espiritual, independiente, erótico y terrorífico. El sentimiento, el pensamiento y el deseo del ser humano eran su enfoque principal. Además, no hay una sola película de estos directores que no tenga que ser analizada desde percepciones psicoanalíticas, nietzscheanas y lacanianas. EL trasfondo filosófico es abrumador, y hacen de estas películas muy más interesantes. El cine es la representación y manifestación cultural de un pensamiento colectivo en concreto. 

Pero, es a partir de principios de los años 70 que este ideal de estudio del cine e interpretación filosófica del mismo empieza a cambiar debido al llamado “video en casa”. Kent Jones y Jonathan Rosenbaum, dos de los críticos de arte y cine que participan en los textos del libro citado previamente, hablan de este cambio cultural en la historia del arte cinematográfico y dicen que el video en casa ha tanto convertido a las películas en objeto de consumo como extendido y popularizado la cultura cinematográfica. Es cierto que una de las razones por las cuales el cine era tan apreciado en los cincuenta y sesenta era que el cine era un privilegio para muchos, no accesible para todos, pues sólo se presentaba en cinetecas y cines convencionales. Ahora, el cine está al alcance de todos, primero por la televisión, luego por la industria de venta y préstamo de películas, así como las empresas de cine que convirtieron a la imagen en movimiento una cultura empresarial, y ahora, con más acceso que nunca, donde se puede encontrar prácticamente cualquier película en internet, gratis. 

Hay una desventaja en la tan fácil accesibilidad y funcionamiento del video en casa. Como todo el mundo tiene acceso a ver películas y a hacer películas, pues hasta con un celular puedes hacer un buen video de cualquier tema posible, la calidad en cuanto a desarrollo de la narrativa ha decaído. La tecnología es una prioridad en las películas convencionales de hoy. Los efectos visuales impresionan más que la historia.

 Hay 3 revoluciones en el desarrollo de la imagen de movimiento que marcan nuestra época, dos analizadas por estos autores y una que yo agrego: los videoclips, los videojuegos e internet. Los videoclips son más de los ochentas y noventas, pero fueron una revolución para la música y la imagen en televisión. La experiencia música/movimiento evolucionó la manera de apreciar la música, pues ya no sólo se escuchaba, sino que se relacionaba con un paisaje o una acción. Después vinieron los videojuegos, originarios de principios de los años 90. Estos son completamente comparables con las películas pues, si alguno ha juago algún juego de Xbox o Play3 últimamente, ya no sólo se trata de mover a un personaje de diseño geométrico que va recogiendo moneditas, pasando obstáculos y ganando vidas, sino que ahora se trata de insertarse en una historia en donde uno, el que maneja el control, es el protagonista, que hace parte de una historia compleja que es la clave principal del desarrollo del juego. Además, las gráficas cada vez son más impresionantes. Ya no hay casi ninguna diferencia entre las expresiones de estos personajes y los dibujos en películas animadas. Y, por supuesto, Internet, que ha revolucionado el acceso a información y entretenimiento de todo tipo, a toda hora, para todos. 

Estos autores hablan de los sesenta como el arte del cine, de los ochenta como la revolución al videoclip y a nuevas tecnologías para la imagen cinematográfica y de hoy en día como una era multifacética de expresión cinematográfica, y gráfica en general. Hay mucho que decir todavía de estos pensadores y de su cambio de pensamiento a lo largo de los años que creo que vale la pena retomar en mi siguiente columna, pero termino esta con una pregunta. Si el cine era tan profundo, pensante y filosófico antes, ¿por qué se piensa que hoy en día no lo es?, ¿cuál es el pensamiento e ideal detrás de las películas de estos últimos años?

Por Arturo Castellanos Canales

“El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.” Winston Churchill

Eran siete en un inicio. El Senador Manlio Fabio Beltrones y Enrique Peña Nieto aspiraban a la candidatura presidencial de la alianza PRI, PVEM y PANAL; Andrés Manuel López Obrador y el Jefe de Gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, contendían por la de los partidos de izquierda (PRD, PT y Movimiento Ciudadano); mientras que Josefina Vázquez Mota, Ernesto Cordero y Santiago Creel se disputan el abanderamiento del PAN.

Los primeros dos partidos han definido a sus respectivos representantes. Tanto el tabasqueño López Obrador, debido a su victoria en encuestas sobre Ebrard, como el ex gobernador mexiquense, Enrique Peña, tras la declinación de Beltrones, han asegurado su aparición en las boletas del 2 de julio de 2012. Ante lo cual, la pregunta más obvia que surge es, ¿Por qué razón el PAN sigue deshojando margaritas mientras los demás partidos ya cuentan con un candidato definido?

Pocos son los que se han dado cuenta de la brillantez que podría surgir para el PAN de la ausencia de un candidato único. Me explico. De acuerdo al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), ningún precandidato tendrá la posibilidad de promocionar su imagen o campaña directa en spots oficiales de radio y televisión durante el período comprendido entre el 18 de diciembre (fecha en que comienzan las precampañas), y el 30 de marzo (día en el que arrancaran oficialmente las campañas presidenciales). Lo que sí podrán hacer los partidos durante esas fechas, será promocionar la imagen de los “precandidatos” que contiendan por la candidatura oficial de su partido, siempre y cuando exista una competencia debidamente inscrita ante el IFE entre los aspirantes. Es decir, todos los partidos gozarán durante ese período de 18 minutos diarios en radio y televisión, sin embargo, solo el PAN podrá dedicarlos a la imagen de Josefina, Creel y Cordero, mientras que las alianzas de los candidatos Peña y López, tendrán prohibido hacer alusión a su persona.

Podría ser verdaderamente redituable para el PAN el mencionado escenario. Pero, ¿apoco creen que los demás partidos se quedarán sentados de brazos? Ya el dirigente perredista afirmó que para promocionar a Andrés Manuel deberán echarle “imaginación”. ¿A qué clase de “imaginación” se estarán refiriendo? Llámenme mal pensado si gustan, pero a mí me parece muy curiosa (por no decir “imaginativa”) la presentación del libro de Enrique Peña Nieto “México, la Gran Esperanza”. Me puedo imaginar ya los miles de anuncios espectaculares que inundarán el Periférico, con la cara de Peña, su nombre y apellido en mayúsculas, y una imagen apenas visible de la portada de su libro. Todo gasto a cargo de la casa editorial, claro. No es que esté en contra de la creación literaria de nuestros aspirantes presidenciales, ¡al contrario! Lo que me molesta es la razón de fondo, la forma de darle vuelta a la Ley. En cuanto a Andrés Manuel, él ya tiene un libro, ¿qué sigue? ¿Un CD? ¿Un calendario? A ver qué tan “imaginativos” nos salen los izquierdistas.

Faltan muchos días, debates, estrategias, encuestas e “imaginaciones” hasta la fecha de la elección y de los siete que quedaban, solo uno ganará, ¿quién será?

____________

Me preocupa la visión que tienen los candidatos republicanos, Rick Perry, Mitt Romney y Herman Cain, sobre México, al cual siguen considerando Estado fallido, por lo que siguen promoviendo una impermeabilización de la frontera Sur, ante la supuesta presencia del grupo Hezbolá en México, ¡Hágame el favor! Ay México… tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.

@CastellanosACC

Por Gabriela Delgado

Hay varias características por las que se puede definir lo que es violencia: estar fuera de un estado natural; un acto que se hace brusca y fuertemente, con intensidad e ímpetu; genio arrebatado que se deja llevar fácilmente de la ira; acto que se ejecuta fuera de acción y justicia. La violencia parte de una interacción humana que provoca o amenaza a un daño físico o psicológico grave. Aunque se puede generar una definición general de lo que es la violencia, cada región tiene una concepción distinta de este concepto, pues sus manifestaciones a lo largo de los años se han ejecutado de diversas formas.

Empecemos por Latinoamérica. A rasgos generales, América Latina ha sido un continente conquistado, civilizado y evolucionado por actos violentos. Desde la llegada de los españoles hasta nuestros días, las matanzas, masacres y guerras no cesan. Países como México –que tiene marcado acontecimientos como las matanzas de la conquista española, la Revolución de 1910, la batalla de Tlatelolco, una historia interminable de corrupción política y, ahora, el despertar público del narcotráfico–, Brasil –con su historia de las muertes en las favelas a causa del tráfico de drogas y la búsqueda por el poder en el pueblo, haciendo de estos barrios sectores considerados como de los más peligrosos del mundo, tanto por manejo de drogas como por delincuencia común– y Colombia –el cual es uno de los países con un mayor índice de violencia en las últimas décadas pues, aunque hoy en día el país ha mejorado sustancialmente en términos de narcotráfico, guerrilla y delincuencia en las calles, el período de violencia duró más de 60 años, una cifra impresionante y lamentable para la historia del país– son un ejemplo de el tipo de violencia que se ha manejado a lo largo de los años en este continente, a diferencia de los otros.

Pasemos a Europa. Este continente a participado y hasta inaugurado las peores y más crueles guerras, en mi opinión, a lo largo de toda la evolución de la humanidad. La historia de Occidente se rige por las confrontaciones tanto entre Europa con otros países, como entre países del mismo continente. A Europa le debemos las guerras de nuestra historia del siglo XVIII para atrás.

Estados Unidos, por otro lado, aunque también haya participado en guerras atroces y sea el causante de la más reciente, creo que es más fuerte aún la violencia que se ha llevado a cabo dentro de país. Pueda que sea un país que nunca haya tenido guerrillas, grupos paramilitares o revoluciones como las de Latinoamérica ( con la excepción de la Guerra de Secesión y las grandes atrocidades hacia las comunidades indígenas, por supuesto) pero, ¿qué me dicen de la masacre de Columbine, los asesinatos en la Universidad Virginia Tech en el 2007, la masacre de la Universidad de Texas en 1966 y todos los actos de violencia estudiantil que han surgido? Ni siquiera se tiene una razón lógica por la cual se llevaron a cabo la mayoría de estos actos, pero podemos asumir que proviene de un problema en lo más interno de la sociedad norteamericana: una violencia inculcada por ese ideal de perfección y riqueza que hace de los ciudadanos cada vez más solitarios, independientes y con el único objetivo de crecer económicamente.

Y qué podemos decir de toda la historia de maltrato y muertes en África y Medio Oriente por razones religiosas y de culto que, por más que se realicen por cuestiones de fe, son actos que, a mi parecer, no se justifican en lo más mínimo, y menos por una búsqueda de salvación. ¿Cuál es el punto de salvarse uno si se requiere maltratar o hasta quitarle la vida a alguien más? 

La violencia está en todas partes, de diferentes maneras, a diferentes tiempos. En últimas, sigue siendo violencia. ¿Cuál es peor? No lo sé. ¿Cuál es el punto de cualquiera de estas manifestaciones? Tampoco lo sé. Tal vez muchos de estos acontecimientos tengan una “razón” de origen, pero ninguna es justificable. La violencia no es justificable, en ninguno de sus aspectos. Desafortunadamente, nunca acaba, y seguramente nunca acabará. Nos toca vivir con lo que tenemos e intentar ser mejores nosotros, aunque no cambiemos el mundo. 

Si estuviera en sus manos, ¿cuál escogerían?

Por Rodrigo Alagón

 

 

 

 

 

En Europa el ambiente se siente enrarecido. Desde comienzos del verano del presente año, 2011, algo está preocupando a los habitantes del viejo continente. Mientras hordas de estudiantes salían de clases y se aprestaban para salir de vacaciones, los funcionarios públicos  de alto nivel debieron cancelar su anhelado descanso para combatir un algo, un algo que preocupa a todos pero que nadie sabe señalar a ciencia cierta qué es.  Así es como la tan esperada calurosa y soleada estación de este año transcurrió, asemejándose a aquel verano del 2008 lleno de temor, caos y desconfianza que se deja sentir por todos los confines de este planeta.

Europa atraviesa nuevamente una crisis financiera-política de dimensiones desproporcionadas y con repercusiones aún desconocidas pero que de ser las peores, podrían resultar en una reconfiguración del Status Quo europeo.

Los razones son variadas y la problemática se asemeja a una serpiente de cien cabezas.

En primer lugar está la crisis Griega. Verborrea en tinta que emana de cualquier periódico europeo y del mundo en general que tiene ya cansado a cualquier persona sensata.

 En segundo lugar está el riesgo de otros países no periféricos sino concéntricos de la Unión Europea. Tal es el caso de Italia y España. Por lo pronto, el coste de financiarse es el más grande en la historia reciente para España, Italia y ahora Francia quien a pesar de ser dirigida por un presidente hiperactivo y fuerte, está peor de lo que aparenta.

Mientras tanto, desde un lugar más seguro pero donde las luces del reflector dan de lleno, la toda poderosa canciller alemana batalla incesantemente para que su coalición, liderada por su partido los Cristianos Demócratas, obtenga la aprobación del Bundestag para seguir financiando el fondo de rescate europeo.

 Los alemanes se preguntan hasta cuando su gobierno tendrá que reparar los platos rotos de otros Estados. Los españoles se lamentan por el 40% de desempleo entre sus jóvenes. Los griegos se avergüenzan de ser la posible causa de la desintegración del Euro. Los ingleses prefieren observar desde afuera. Los franceses no quieren ver su orgullo de superpotencia mermado. Los italianos desean nunca llegar a extrañar a Berlusconi. Los portugueses e irlandeses suplican porque la tempestad pase. Por último, los países recientemente adheridos a la Unión Europea de Europa del Este se preguntan si en verdad hicieron bien en unirse ahora que la fiesta acabó y la resaca sobrevino.   

Pero la cosa no acaba aquí. Mientras Europa parece estar haciendo implosión, otras regiones del mundo parecen estar en efervescencia. Basta mirar a Túnez, a Egipto y a Libia, entre muchas otras. Jóvenes naciones que reflejan contrariamente lo opuesto a Europa, cansancio. Estas naciones están dispuestas a abrirse un camino propio que pueda permitirles alcanzar un cierto grado de desarrollo. Para lograrlo necesitan de apoyo más que bélico y diplomático, necesitan de socios comerciales. En las presentes circunstancias, Europa no parece ser la mejor de las opciones. A la par de estas naciones, tenemos a países en desarrollo que se molestan por la desaceleración europea y que comienzan a voltear hacia otros mercados que siguen creciendo, tales como el asiático y en menor medida el latinoamericano y africano.

En conjunto a la estanflación que sufre Europa está el factor demográfico. Europa ha dejado de ser el continente que concentraba el mayor número de habitantes hace ya bastante tiempo. Sin embargo, sus pocos más de 500 millones de pobladores aún la hacen uno de los mercados más atractivos. No obstante, para el  2015, cuando la población mundial se acerque a los 8 mil millones de habitantes, de cada 100 habitantes 20 serán chinos, 17 indios, 16 africanos y tan sólo 5 vendrán de Europa Occidental. Tal pareciera que la supremacía de Europa está llegando a un punto crítico.

Mientras el invierno se aproxima dejando atrás los días soleados que permiten un optimismo sustentado en ilusiones, la tarea se antoja difícil. La manera en la que cale el invierno este año dependerá de la habilidad o reticencia de los europeos por afrontar el cambio.

¿No dice Darwin que el más fuerte es simplemente el que se adapta?

Por Alejandro Alfonso Galeano

 

 

 

 

 

Fue simple y sencillamente indignante. Un robo. El oscurantismo volvió a reinar por un momento sobre México. Les platico. 

   Los dos peleadores se prepararon arduamente para una contienda con pronóstico dividido. Los conservadores (la mayoría), pronosticaban la aplastante victoria del favorito. Había demostrado carácter ante la adversidad y sobre todo, un arduo deseo de revancha ante una de sus pocas asignaturas pendientes. Los más atrevidos (la minoría), tenían fe en la victoria de aquél retador de reconocimiento y prestigio mundial. O al menos un empate que dejara inconformes a todos y con la decisión de nombrar a un ganador para otra ocasión. La suerte estaba echada. 

   Después de meses de provocaciones y promesas con tintes políticos, y con la esperanza de una pelea justa y cerrada que diera por vencedor al que así lo mereciera, llegó el día de la pelea. Inició como se había previsto. El retador, con nada que perder, empleó una estrategia de contragolpe. Tu sueltas un golpe, yo suelto tres. Y certeros. Y fuertes. De pronto la gente empezó a murmurar, ¿sería posible? No sería la primera vez que el campeón salía derrotado.

    Conforme fue avanzando la pelea, esta comenzó a emparejarse. Para los expertos, era imposible dar un pronóstico sensato. Todos los demás, ya teníamos a nuestro campeón. Nadie podría arrebatarle el título a aquél descarado que, contra todo pronóstico, había alcanzado el final de la contienda con ligeras opciones de ganar. 

   ¡Tiempo! No hubo oportunidad para más golpes. Los ahí presentes (ni modo que los ausentes) esperaban con incredulidad el resultado de tan pareja pelea. Como si no lo supieran ya…

    Lo demás, fue la crónica de una muerte anunciada (sí, estoy al tanto que ese es el nombre de una de las obras maestras de Gabriel García Márquez. Quite ya esa cara de “sospechosismo”, como dirían por ahí. Por cierto, ¿dónde queda “ahí”, que tantas cosas se dicen? En fin). Las cámaras enfocaban a uno, y luego a otro. De vuelta al uno, y de regreso al otro. ¿Se atreverían a negarle el triunfo a aquél que tanto había hecho por merecerlo? ¿Realmente le iban a dar la victoria a ese viejo mañoso que con artimañas ha sabido mantenerse en el ojo de la opinión pública durante años? 

Silencio, se va a anunciar al vencedor… 

¡LÓPEZ OBRADOR! ¿OTRA VEZ? NOOOOOOO… 

Pobre Marcelo Ebrard. Como dirían por ahí (Sí, otra vez ahí), será para la próxima. 

Pues eso.

Por Sergio Meana

 

 

 

 

 

 

La realidad es experta en símbolos, aunque no alcanzo a entender qué puede simbolizar la increíble simetría de que este gobierno haya perdido dos secretarios de Gobernación en accidentes aéreos, y un tercero en el gobierno panista anterior.” Héctor Aguilar Camín

El tema en realidad no es si hubo un atentado el 11 del 11 del 11 o no,  sino lo que piensa la gente. La verdad de lo que le sucedió ese viernes a José Francisco Blake Mora, quien fue Secretario de Gobernación, quedará en algún lugar desconocido, probablemente, entre el mito y la versión oficial; entre la leyenda y la tragedia.

             El consenso popular mexicano, que muchas veces carece de pruebas, es más válido que las teorías de expertos americanos, franceses y mexicanos, que las investigaciones de reporteros, historiadores, periodistas y hasta expertos en aeronáutica. Estas teorías populares no necesitan ser validadas por nada ni por nadie, pues son “teoremas” desde su concepción. 

No necesita pasar por ningún laboratorio la teoría de que el incidente en el que falleció Blake Mora y siete funcionarios más del Gobierno Federal fue venganza por la detención hace unas semanas de la mano derecha del “Chapo” (como se le conoce popularmente), pues ya ha pasado a ser una verdad a voces. Esto ha sucedido en menos de unas horas, sin que importen los reportes oficiales, los peritajes, las condiciones del helicóptero Súper Puma que conducía el piloto Felipe Bacio Cortés, la navegabilidad, los rastros que quedaron en cerro del Ayaqueme, la capacitación de los pilotos o la comunicación con la torre de control. Es más, no sé para qué se hacen estos estudios si ya se decidió, popularmente (y vivimos en un sistema democrático), que no hay forma de que esto haya sido un accidente y, no sólo eso, sino también se encontró por un extraña relación (que espero que alguien me la explique) que el incidente ocurrido hace tres años, donde murió Juan Camilo Mouriño, fue un atentado.

 Para los diarios importantes del país las decisiones editoriales en este tipo de temas han sido durísimas. Entiéndase que la base del negocio periodístico es la credibilidad: sin ésta, no hay negocio. “La credibilidad cuesta y cuesta caro y cuesta sacrificios”, me dijo Alejandro Junco de la Vega, Presidente y director general de Grupo Reforma, cuando le pregunté por qué ya no vivía en México. 

Hay un riesgo alto en decir información contraria a las creencias populares, no sólo en los medios –históricamente, recuerde a las brujas quemadas, a Galileo, a Thomas Alba Edisson, o a cualquier otro “loco” de la época de su preferencia, clásico medieval o moderno–. El mismo riesgo existe para los periódicos: cuando les llamen locos serán quemados.

 En el momento en que la gente le deje de creer a Televisa, al Universal, Milenio, Excelsior, Reforma, La Jornada y un largo etcétera, se les acabo el negocio, a menos, claro, que lo que vendan no sea información verídica y se dediquen entonces a vender espacios para publicidad, algo así como Publimetro, que vende anuncios, no información. 

Me cuesta entonces pensar con claridad la otra teoría en la que me dicen “Oye, pero tu que trabajas en el Reforma, obviamente saben que fue un atentado, ¿verdad? Sólo que ni modo que lo digan” (algo parecido le  dijeron a Sergio Sarmiento, sólo que sus amigos son más decentes que los míos y supongo que varios reporteros). ¿Cómo que “ni modo que lo digamos”? Sin defender a ningún periódico en particular, imagínese el riesgo que correría algún medio que supiera que fue un atentado y no lo diga; con la cantidad de medios electrónicos que hay y la velocidad de Internet, seguro alguno se atreve a publicarlo y en ese momento el otro medio perdió la exclusiva, la credibilidad y probablemente el negocio entero.

 Los más felices en este panorama, por desgracia, son los delincuentes de los diferentes carteles del crimen organizado. Piénselo: si lo hicieron, ya dijeron que no lo hicieron y entonces no los van a perseguir y si no lo hicieron de todas formas se piensa que lo hicieron y tampoco los van a perseguir, porque ni modo que les imputen un crimen que no cometieron. “¡Vaya suerte de los que no se bañan!”, decía el refrán popular.

Por Rodrigo Alagón

Si pudiésemos nombrar una obsesión que ha perseguido al ser humano a lo largo de la historia, ésta sería la búsqueda de la verdad. El hombre, en su condición de animal pensante y racional ha querido llegar a poseer el conocimiento que pudiera llegar a ser irrefutable. Esto es decir aquel que sea único, universal, por todos aceptado; simplemente la verdad. Reconociendo que el tema es delicado y que pretender dar una definición sobre lo que es la verdad sería de mal gusto, tan sólo me limitaré a ofrecer las perspectivas del filósofo Thomas Kuhn (1922-1996) y del científico Richard Dawkins (1941) sobre la verdad. 

Para el filósofo Thomas Kuhn, la verdad científica es meramente una hipótesis que ha fallado en ser comprobada como falsa, o que simplemente no ha habido voluntad para descartarla. Kuhn sostiene que lo que hoy se considera como verdad será visto el día de mañana como algo absurdo. Así mismo asevera que el único papel de los científicos es eliminar y reducir progresivamente los errores que empañan a la verdad. El éxito total de eliminar el 100% de los errores es imposible según Kuhn. De lo anterior podemos resumir, de acuerdo con el filósofo promotor de la idea de paradigmas circulares en el cual una fase es el cambio,  que la verdad es consensuada y que dicho consentimiento cambia con los años.

La definición de Khun contrasta con la de Richard Dawkins, profesor de Biología de la Universidad de Oxford. De acuerdo con Dawkins, la verdad no reside en la especulación, la tradición, los dogmas o lo que dicta la autoridad. Aún así, ésta tampoco contiene dualidad. La verdad es quizás temporal, cambiante y susceptible a críticas. Sin embargo, para Dawkins es evidente que la verdad es asequible, única y limitada.

Hay verdades innegables nos asegura el profesor de Biología; es inútil discutir que una mesa de madera no es de madera, que la secuencia del ADN humano no está compuesta por dos hélices y que la luz no viaja a 186,000 millas por segundo. Si la verdad científica está abierta a dudas filosóficas, entonces el mismo sentido común que rige nuestras vidas también debe estar en tela de juicio, asegura Dawkins.

En este sentido, la visión del profesor es pragmática. Sí, el cosmos ofrece y representa misterios que desafían la capacidad humana para responderlos. No obstante, la respuesta no es la especulación de las mentes brillantes ni los dogmas religiosos que pretenden imponer una visión que explique el orden de la vida. Los misterios que nos rodean se aproximan de manera gradual, dice Dawkins. Gradual pues dichas incógnitas son posibles de descifrar en la medida en que el conocimiento humano se expanda y conciba nuevas teorías que expliquen lo anteriormente inexplicable. Eso sí, teorías basas en evidencia por supuesto. Por ello mismo, el desafío humano es seguir desarrollando herramientas que permitan acercarnos a la verdad. 

De más está decir que no es tarea fácil. En el camino a la verdad se entrometen varios aspectos. El primero de ellos es la tradición perene y repetitiva que se desliza de padres a hijos, aceptándose como un bagaje legítimo y propio que diferencia a unos de otros, creando prejuicios y adversidades entre similares. La educación que reciben los niños está sustentada en la tradición según Dawkins. De acuerdo con el científico, la capacidad de los jóvenes de vislumbrar la verdad se ve obnubilada cuando la tradición se transmite es sus años inocentes e ingenuos y en los que se acepta lo que dice la autoridad como verdad. Es la tradición la que se transmite repetitiva, impuesta e irracionalmente; características que se encuentran en la manera en que un niño determina su religión.

La religión transmite supuestos que la gente acepta como verdad que no encuentran ningún refuerzo en evidencia empírica. ¿Por qué entonces la gente cree en dogmas que a todas luces son invenciones de seres astutos? La respuesta no es que la humanidad sea ciega a la verdad o no quiera verla. La razón, según Dawkins, es que la tradición se ha aceptado como lo verdadero dado que desde pequeños somos bombardeados con ella, para cuando crecemos y desarrollamos nuestro raciocinio, las ideas ya están demasiado arraigadas.

 El Universo es un enigma asombrante que contiene toda la belleza a la que un humano podría aspirar. La manera en la que nos aproximemos a él, influirá en la manera en que disfrutemos de sus misterios.