Por Alejandro Alfonso Galeano

El pasado 7 de octubre arrancó oficialmente el proceso electoral del 2012 para renovar la Presidencia de la República, 500 Diputados Federales (¡Se va Fernández Noroña!) y 128 Senadores (¿Llegará Fernández Noroña?). Además de las elecciones federales, otras 17 entidades federativas llevarán a cabo elecciones locales para elegir gobernadores y diputados locales. 

Por motivos primordialmente de salud mental pero, también para economizar tiempo (y letras, no sea que algún día también estas nos falten), voy a omitir analizar lo ridículo que constituye idealizar unas elecciones presidenciales decentes, limpias y democráticas cuando desde un inicio el partido se juega sin árbitro. El Instituto Federal Electoral (IFE) dio inicio al proceso electoral del 2012 sin tres de sus nueve consejeros que, son los únicos dentro del IFE con capacidad de voto para calificar y validar una elección. Incluso para los que somos torpes en matemáticas, nos podemos dar cuenta que la resta de nueve menos tres es seis. Supongo que nuestro legisladores habrán pensado: “no se preocupen, es casi seguro que no habrá empate”. Pobre México. No puedo comentar más. 

Dicho lo anterior, durante las siguientes semanas me daré a la tarea de analizar a las tres principales fuerzas políticas que contenderán en la elección por la Presidencia de la República. PRI, PAN y PRD. Vamos pues. 

Partido Revolucionario Institucional. 

En 1990 el escritor peruano y Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, fue invitado por Octavio Paz y Enrique Krauze (vaya grupo de amigotes) al debate televisivo llamado, El siglo XX: la experiencia de la libertad. Ese mismo día por la mañana, en conferencia de prensa, Vargas Llosa se abstuvo de emitir cualquier juicio sobre el sistema político mexicano pero, durante el debate nocturno la historia sería otra. De pronto, y seguro para sorpresa de su compadre Paz, Vargas Llosa definió al PRI de una forma tan acertada que más de veinte años después, lo seguimos recordando. “Espero no parecer demasiado inelegante por lo que voy a decir”, comenzó el Premio Nobel. “Yo no creo que se pueda exonerar a México de esa tradición de dictaduras latinoamericanas. Creo que el caso de México, cuya democratización actual soy el primero en aplaudir, como todos los que creemos en la democracia, encaja en esa tradición con un matiz que es más bien el de un agravante. México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México. Tiene las características de la dictadura: la permanencia, no de un hombre, pero sí de un partido. Y de un partido que es inamovible.” 

De pronto, a todos los anti – priistas se les iluminó la cara. El flamante ex candidato a la presidencia del Perú, había venido a México a decirles lo que ya sabían pero, no encontraban la forma de expresar: El PRI era la dictadura perfecta. 

Diez años después Ernesto Zedillo cedió la banda presidencial al candidato electo en las elecciones presidenciales del año 2000, Vicente Fox. 

Entonces comenzó un periodo de incertidumbre para el Partido Revolucionario Institucional. Después de 70 años de ser los propietarios del país, ahora tendrían que compartirlo y buscar la forma de lograr acuerdos con las fuerzas políticas opositoras que durante años ignoraron. Ilusos todos los politólogos y expertos en política, predijeron una reinvención del PRI o su inmediata desaparición. 

El PRI no hizo ni lo uno, ni lo otro. Logró pasar inadvertido durante el sexenio de Vicente Fox. Tan inadvertido que el candidato a la Presidencia de la República en las elecciones presidenciales del año 2006, Roberto Madrazo, obtuvo una bochornosa derrota que en otros tiempos no lejanos, hubiera sido impensable. 

Los acontecimientos que sucedieron después de la elección presidencial del 2006, comenzaron a jugar todos a favor del PRI. El movimiento social (por llamarlo de alguna manera) del excandidato a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador (también, por llamarlo de alguna manera) y la aparente ineptitud del PAN, provocaron un extraño sentimiento de nostalgia en la ciudadanía mexicana. Sí, por surrealista que pueda parecer, la gente comenzó a extrañar al PRI. 

El PRI, más por inercia que por méritos propios, ha sabido aprovechar perfectamente el entorno nacional actual. Han logrado que pasen desapercibidos actos tan antipatriotas y absurdos como no aprobar la Reforma Laboral que tanto necesita este país (¡y que ellos mismos propusieron!), bloquear una Reforma Política cuando es evidente que el sistema actual, ya no da más de sí y pretender la imposición de dos de los tres consejeros del IFE. El PRI a nivel estatal ha sido patético y peligroso. Teniendo la titularidad del poder ejecutivo en estados de la República como Coahuila, Chihuahua, Tamaulipas o Veracruz (por mencionar los más conflictivos), han dejado claro que siguen siendo igual de corruptos e incompetentes para gobernar. 

Sí, el PRI logró reinventarse después de las elecciones presidenciales del 2000. Se reinventó como un partido con tintes imperiales similares a los sexenios de Luís Echeverría y José López Portillo. Se reinventó con un cinismo mayor al de Plutarco Elías Calles y Gustavo Díaz Ordaz. Se reinventó con una inoperancia económica que recuerda al PRI de 1994 y su “error de diciembre” (véase la deuda de Coahuila). Y lo hizo con paciencia y cuidado pero sobre todo, observando y aprovechando las terribles torpezas del PAN y la inmencionable, que en otra ocasión mencionaré, división del PRD. 

Hoy el PRI tiene en Enrique Peña Nieto al candidato perfecto (no, que me perdonen pero Manlio Fabio Beltrones no puede considerarse candidato). Han logrado dar la impresión de partido unido y sólido que quiere regresar a los Pinos para poner la casa en orden. Toda la sarta de corruptelas que han quedado demostradas y personajes que son unos reconocidos pillos (Humberto Moreira y Jorge Hank Rohn), resultan indiferentes a una ciudadanía desesperada que dice querer al “Nuevo PRI” pero lo que en realidad quiere, es al “Viejo PRI”. 

Sólo veo una debilidad de cara a las elecciones presidenciales de 2012. En el PRI de Enrique Peña Nieto, dan por segura la victoria. Y para terminar, robo las palabras de José Ortega y Gasset: “De querer ser a creer que se es ya, va la distancia de lo trágico o lo cómico”

Pues eso.