Por Gabriela Delgado Villalobos 

Vivimos en una época dominada por los medios de comunicación. La evolución de la tecnología no deja de avanzar, y nuestra vida se ha vuelto un agite constante bombardeado por información que proviene de todos lados y es fácilmente accesible para todo el mundo. Pero, ¿qué tan real es esa información al alcance de nuestras manos? ¿Quién controla la información que nos llega todos los días a nuestras casas, escuelas, trabajos?

 Los medios de comunicación nos otorgan una imagen sobre un hecho. El recurso de la imagen en los noticieros, las revistas y los periódicos tienen como función el recalcar y reiterar la verdad de ese hecho que se está informando, pero no toda imagen es real. Hay un intento no sólo de informar, sino de manipular al lector o espectador para que  crea lo que está viendo. El ejemplo más claro para poder entender este concepto de “manipulación mediática”, son las campañas políticas. Los agentes políticos usan a los medios como estrategia fundamental, pues en los últimos años se ha comprobado mediante encuestas que es más convincente una buena imagen pública que remitirse a divulgación del pensamiento político del candidato. Un ejemplo famoso de esto es el debate presidencial entre Kennedy y Nixon en 1960. En aquel debate transmitido por televisión, los dos candidatos a la presidencia norteamericana fueron maquillados y vestidos por expertos en imagen pública. Ahora, ya en la transmisión, Nixon tenía un aspecto cansado, pálido, demacrado, en comparación con Kennedy, quien tenía una apariencia joven y entusiasta debido al maquillaje que se le había puesto. Se hicieron encuestas después sobre quién pensaban los espectadores que podría ganar después del debate y se mostró que aquellos que oyeron el debate por radio pensaron, en mayoría,  que Nixon era mejor candidato, mientras que la mayoría de los que vieron el debate se fueron a favor de Kennedy.

 Bajo este punto de vista, las campañas políticas actuales se basan en dos objetivos fundamentales: el recaudo de fondos y la exposición del candidato en los medios. De hecho, las campañas se organizan acorde a lo que los medios solicitan. Todos los discursos, sesiones de foto, y cualquier momento de contacto con las cámaras es minuciosamente examinado, estudiado y planificado para que dé un mensaje por sí solo, y esto no es exclusivo del siglo XXI. Desde comienzos de la fotografía, la imagen no cuenta una realidad real: las primeras fotografías fueron de familias completas que se retrataban para mostrar una apariencia social, pero no eran exactamente reales. De igual manera, la fotografía nunca muestra una realidad como tal, pues la subjetividad del que toma la foto está expuesta desde el momento en que se cuadra la cámara hacia un ángulo específico, en dirección a un objeto o persona específica en una posición específica.  

Muchísimo dinero de las campañas va destinado a la producción de comerciales. Los debates, entrevistas y toda la publicidad que re reparte en las ciudades crea una imagen pública. Esta estrategia enfocada a lo mediático no genera precisamente una estructura política, sino que busca incitar a la votación. El candidato, aquí, es simplemente un producto y los votantes somos consumidores. La relación entre política y comercio es extremadamente estrecha. Por ejemplo, aunque el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, tuvo la ventaja de haber trabajo en el gobierno mucho tiempo antes de su candidatura a la presidencia, estoy segura de que sin el uso publicitario de la Operación Jaque, operación llevada a cabo en el 2009 que rescató a la ex-candidata a la presidencia Ingrid Betancourt, no hubiera tenido tanta credibilidad por parte del pueblo colombiano cuando decía que iba a terminar con la guerrilla del país.

 Hay una teoría de comunicación basada en el comportamiento de votantes entre los años 1940 y 1960 llamada “The Minimal Effect Model” que dice que los mensajes mediáticos no sirven para cambiar la opinión de los espectadores, sino para reforzar sus creencias ya existentes. Un espectador conservador va a buscar un noticiero que de las noticias desde un punto de vista similar a lo que él piensa. Por ende, los medios logran su objetivo a partir de una “influencia de dos pasos”: los medios transmiten información a líderes de opinión que tienden a interesarse por un tema específico en cuestión, y ellos, de vuelta, influencian a quienes están en contacto directo con ellos. Los medios masivos saben que el contacto interpersonal influye más en el pensamiento de la gente, por lo que crean estrategias que conlleven a ese contacto. Aunque esta teoría sea de hace más de 50 años, nos indica algo verídico que se aplica aún hoy en día: los medios tal vez no nos digan exactamente qué pensar, pero sí nos dicen qué tener en consideración. Además, hay que tener en cuenta que los medios se rigen principalmente por un pensamientos político específico de quien los maneja a nivel corporativo y dependen de la publicidad como primer recurso de ingresos, lo cual genera enfoques políticos específicos.

 En conclusión, las apariencias importan. La información que nos llega a diario está controlada. La imagen mediática es un medio de manipulación que busca generar, si no un pensamiento, un cuestionamiento sobre ciertos puntos de vista en hechos específicos. Lo importante entonces es saber en qué creemos, por qué creemos en ello y mantener nuestra posición, para poder ser objetivos en nuestras decisiones y saber quién dice la verdad para nosotros y quién no. 

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Los ejemplos y el modelo de minimal effects fue tomado del libro Media Society, de David Croteau y William Hoynes.