Por Arturo Castellanos Canales

 

 

 

 

 

 

“Puedo separarme de la Presidencia de México sin pesadumbre o arrepentimiento; pero no podré, mientras viva, dejar de servir a este país.”

Porfirio Díaz en entrevista a James Creelman.

 

III. “El Porfirista” (Reelección de Cargos Públicos)

Corría en Mèxico el año de 1908. El Presidente Porfirio Díaz tenía 77 años de vida y 30 en el poder cuando James Creelman, de la revista neoyorkina Pearsons Magazine, lo entrevistara en el Castillo de Chapultepec. En aquella entrevista, Díaz aseguraba tener firme resolución, de separarse del poder al expirar su período, cuando cumpliera los ochenta años de edad, pues la Nación se hallaba bien preparada para entrar definitivamente en la vida libre y democrática.

Sin embargo, Díaz no fue consecuente con lo dicho, y en marzo de 1909 se postuló de nuevo a la Presidencia de la República para el período de 1910-1916. Evidentemente molestos por aquella decisión, surgieron los grupos antireeleccionistas encabezados por Francisco Y. Madero*, quien publicara en aquel año el libro La Sucesión Presidencial, el cual postulaba la democratización electoral y la no reelección del país.

Conocen todos ustedes el desenlace. Una Revolución armada, movida por la máxima de “sufragio efectivo, no reelección”, por la cual murieron aproximadamente un millón de personas. Considerando que en 1910 el país tenía una población de 15 millones de habitantes, el porcentaje de muertes es altísimo: aproximadamente el 6% de la población.

Entonces, ¿por qué habríamos de permitir, un siglo después, la figura de la reelección en nuestro sistema democrático si tantas vidas y tanto esfuerzo nos costaron? Ese fue el argumento de la bancada priista la semana pasada en la Cámara de Diputados. La respuesta es, precisamente porque eso sucedió hace más de cien años y la vida política del país exige hoy que al alcalde, diputado o senador se le reconozca una buena labor concediéndole su reelección o castigarlo por su gestión negándosela.

¿Qué diferencias habría entre la reelección de 1910 y la reelección hoy en día? En primer lugar, durante la Presidencia de Porfirio Díaz no existía un partido de oposición, hecho que le permitía la perpetuación en el poder haciendo caso omiso de la voluntad general. Hoy en día el sistema mexicano es tan equilibrado (quizás demasiado), que existen tres partidos de peso con posturas antagónicas entre ellos, los cuales difícilmente cederían ante presiones del Presidente en turno. Por otro lado, a principios del Siglo XX, era el mismo Gobierno el encargado de vigilar la legalidad de las elecciones, hecho que rompía con toda posibilidad de imparcialidad y transparencia de las mismas. Actualmente contamos con una institución constitucionalmente AUTONOMA, lo cual dificultaría cualquier intento de perpetuación en el poder a través del fraude electoral. Por último, la sociedad ha cambiado. Hoy por hoy gozamos de una libertad de prensa inimaginable para la sociedad de principios de 1900, prensa que ha llegado a identificarse como el Cuarto Poder por su peso e influencia sobre la mayoría de los gobernados.

No le tengamos miedo a la reelección. Permitamos la evolución de nuestro sistema a la par de las necesidades. Qué bueno que recordemos con beneplácito a los héroes que lucharon por la democratización en México a través de la antireelección, pero no perdamos de vista el contexto en el que se hizo. El México de hoy es otro, y para poder mejorar la calidad de nuestros servidores públicos a través de la rendición de cuentas digamos: SUFRAGIO EFECTIVO, SÍ REELECCIÓN.

 

_______________________

*  En 2009, el historiador mexicano, José Manuel Villalpando, maestro de la Escuela Libre de Derecho, descubrió que el segundo nombre de Madero era Ygnacio, con Y, no Indalecio, con I latina, como comúnmente se había pensado. Por ello, aclaro que no fue error de dedo el escribir el nombre del padre de la Revolución Mexicana con Y.