Por Gabriela Delgado

“Nueva York es una ciudad para los excéntricos y una fuente de datos curiosos. Los neoyorquinos parpadean veintiocho veces por minuto, pero cuarenta si están tensos. La mayoría de quienes comen palomitas de maíz en el Yankee Stadium deja de masticar por un instante antes del lanzamiento. Los mascadores de chicle en las escaleras mecánicas de Macy’s dejan de mascar por un instante antes de apearse: se concentran en el último peldaño […]”.

Nueva York, ciudad de cosas inadvertidas, de Gay Talese. Texto publicado en Retratos y encuentros, recopilación de las obras de Talese, Alfaguara, 2010.

                Gay Talese fue contratado en 1953 como el “de las copias” en The New York Times. Tres años después, le asignaron las páginas de deportes. Fue durante este período y no 10 años después, cuando publicó el perfil “Frank Sinatra tiene un resfriado” para la revista Esquire, que mostró su talento como un verdadero escritor periodístico ¬–ésta junto con varias redacciones– gracias a un accidente que, para Talese, fue pura suerte: Hubo un incendio de un edificio en la ciudad de Nueva York y Talese se fue con otro trabajador del Times a la escena del accidente para obtener una historia. Talese redactó el incidente. Lo curioso de su artículo fue que él no miró al edificio en llamas, sino el otro lado de la calle: vio el edificio de en frente, los individuos en él viendo el incendio, el humo que pegaba contra el edificio y toda la atmósfera alrededor, mas no el incendio como tal.

En el mundo de la edición escrita hay dos tipos de textos que se sacan al mercado: los textos de ficción y los textos de no ficción. Los primeros se refieren a la literatura: novelas románticas, novelas históricas, cuentos, fábulas, leyendas, literatura infantil, etcétera. Los segundos se refieren a todos los demás libros: de cocina, de manualidades, de curiosidades, culturales, libros escolares y de texto, crónicas periodísticas y un sin fin de categorías más. Gay Talese hace parte de un grupo de escritores pertenecientes al desarrollo de textos de no ficción que le dan un enfoque personal, original y hasta literario a una historia verdadera –literario porque se apoyan en estilo de ficción, logrando darle una fuerza emotiva propiamente de las novelas y los cuentos¬–. Los perfiles, crónicas y narrativas de este tipo se conocen, en conjunto, como periodismo narrativo.   

 Dentro del periodismo narrativo se utilizan normalmente dos géneros literarios: la crónica y el perfil. Estos dos géneros son relatos detallados de acontecimientos que se desarrollaron en un tiempo determinado, pero no necesariamente se requiere de una cronología para contar la historia, como en las noticias. La crónica, al igual que el perfil, otorgan una libertad al escritor de jugar con los tiempos, dar al lector la posibilidad de reconstruir los sucesos a lo largo de la lectura. De igual manera, la redacción y narración son determinadas por el mismo autor: cada crónica tiene su propio estilo, su propio enfoque y su propia postura. Es una de las maneras más placenteras de contar y de leer una historia verdadera. La libertad en el lenguaje, la narrativa o el uso literario le dan un toque subjetivo que enriquece ¬–aunque puede afectar también– al texto.

 Dentro de los escritores más destacados en México encontramos a León Krauze, conductor de W Radio y redactor de la revista cultural Letras Libres, el cual tiene obras como Contra el Cantinfleo, Obama Duerme Tranquilo y Periodismo de Supervivencia. Mientras Krauze se enfoca más en temas relacionados con la política y lo sociopolítico, otros como Juan Villoro escriben sobre una mayor variedad de temas. Villoro tiene crónicas sobre narcotráfico, fútbol, consumismo, literatura, ferias de libros, terrorismo y hasta de una Miss Universo. 

Más hacia el sur del continente, nos encontramos con personajes como Alberto Salcedo Ramos, cronista y profesor barranquillero que se ha convertido en una celebridad del periodismo narrativo en Colombia. Su ingenio en escoger temas que poco se han desarrollado o escribir sobre cotidianidades de una forma nunca antes vista lo han consolidado como un gran escritor de los últimos años. Historias como Elogio a la Parranda, Memorias de un Último Valiente, La Eterna Parranda de Diomedes, Un Árbitro que Expulsó a Pelé y Un País de Mutilados son sólo algunas de las grandes obras de este periodista.

 Hay muchos otros nombres dentro de este mundo periodístico que merecen ser mencionados aquí, pero la lista sería interminable. 

En Latinoamérica el talento en esta área del periodismo es muy grande. Desde México hasta Argentina, encontramos un sin número de autores que han logrado darle sensaciones a diálogos y situaciones con uso de metáforas, técnicas de suspenso, manipulación de lo temporal y un punto de vista propio, dándonos a nosotros, sus lectores, la sensación de estar leyendo literatura basada en la vida real.

 El periodismo narrativo muestra un lado más humano de lo que pasa en este mundo; no toda noticia debe ser de violencia, política, corrupción o matanzas, y aunque hayan muchas crónicas que reflejen este lado de nuestra historia, el periodismo narrativo también nos muestra un mundo que ningún noticiero nos va a relatar.

 Alguna vez escuché a Alberto Salcedo Ramos decir que su sueño es contar la historia de un tambor que viaje desde hasta África hasta Latinoamérica, y ojalá algún día tengamos el placer de leer ese sueño.