Por Rodrigo Alagón

Si pudiésemos nombrar una obsesión que ha perseguido al ser humano a lo largo de la historia, ésta sería la búsqueda de la verdad. El hombre, en su condición de animal pensante y racional ha querido llegar a poseer el conocimiento que pudiera llegar a ser irrefutable. Esto es decir aquel que sea único, universal, por todos aceptado; simplemente la verdad. Reconociendo que el tema es delicado y que pretender dar una definición sobre lo que es la verdad sería de mal gusto, tan sólo me limitaré a ofrecer las perspectivas del filósofo Thomas Kuhn (1922-1996) y del científico Richard Dawkins (1941) sobre la verdad. 

Para el filósofo Thomas Kuhn, la verdad científica es meramente una hipótesis que ha fallado en ser comprobada como falsa, o que simplemente no ha habido voluntad para descartarla. Kuhn sostiene que lo que hoy se considera como verdad será visto el día de mañana como algo absurdo. Así mismo asevera que el único papel de los científicos es eliminar y reducir progresivamente los errores que empañan a la verdad. El éxito total de eliminar el 100% de los errores es imposible según Kuhn. De lo anterior podemos resumir, de acuerdo con el filósofo promotor de la idea de paradigmas circulares en el cual una fase es el cambio,  que la verdad es consensuada y que dicho consentimiento cambia con los años.

La definición de Khun contrasta con la de Richard Dawkins, profesor de Biología de la Universidad de Oxford. De acuerdo con Dawkins, la verdad no reside en la especulación, la tradición, los dogmas o lo que dicta la autoridad. Aún así, ésta tampoco contiene dualidad. La verdad es quizás temporal, cambiante y susceptible a críticas. Sin embargo, para Dawkins es evidente que la verdad es asequible, única y limitada.

Hay verdades innegables nos asegura el profesor de Biología; es inútil discutir que una mesa de madera no es de madera, que la secuencia del ADN humano no está compuesta por dos hélices y que la luz no viaja a 186,000 millas por segundo. Si la verdad científica está abierta a dudas filosóficas, entonces el mismo sentido común que rige nuestras vidas también debe estar en tela de juicio, asegura Dawkins.

En este sentido, la visión del profesor es pragmática. Sí, el cosmos ofrece y representa misterios que desafían la capacidad humana para responderlos. No obstante, la respuesta no es la especulación de las mentes brillantes ni los dogmas religiosos que pretenden imponer una visión que explique el orden de la vida. Los misterios que nos rodean se aproximan de manera gradual, dice Dawkins. Gradual pues dichas incógnitas son posibles de descifrar en la medida en que el conocimiento humano se expanda y conciba nuevas teorías que expliquen lo anteriormente inexplicable. Eso sí, teorías basas en evidencia por supuesto. Por ello mismo, el desafío humano es seguir desarrollando herramientas que permitan acercarnos a la verdad. 

De más está decir que no es tarea fácil. En el camino a la verdad se entrometen varios aspectos. El primero de ellos es la tradición perene y repetitiva que se desliza de padres a hijos, aceptándose como un bagaje legítimo y propio que diferencia a unos de otros, creando prejuicios y adversidades entre similares. La educación que reciben los niños está sustentada en la tradición según Dawkins. De acuerdo con el científico, la capacidad de los jóvenes de vislumbrar la verdad se ve obnubilada cuando la tradición se transmite es sus años inocentes e ingenuos y en los que se acepta lo que dice la autoridad como verdad. Es la tradición la que se transmite repetitiva, impuesta e irracionalmente; características que se encuentran en la manera en que un niño determina su religión.

La religión transmite supuestos que la gente acepta como verdad que no encuentran ningún refuerzo en evidencia empírica. ¿Por qué entonces la gente cree en dogmas que a todas luces son invenciones de seres astutos? La respuesta no es que la humanidad sea ciega a la verdad o no quiera verla. La razón, según Dawkins, es que la tradición se ha aceptado como lo verdadero dado que desde pequeños somos bombardeados con ella, para cuando crecemos y desarrollamos nuestro raciocinio, las ideas ya están demasiado arraigadas.

 El Universo es un enigma asombrante que contiene toda la belleza a la que un humano podría aspirar. La manera en la que nos aproximemos a él, influirá en la manera en que disfrutemos de sus misterios.