Por Alejandro Alfonso Galeano

 

 

 

 

 

Fue simple y sencillamente indignante. Un robo. El oscurantismo volvió a reinar por un momento sobre México. Les platico. 

   Los dos peleadores se prepararon arduamente para una contienda con pronóstico dividido. Los conservadores (la mayoría), pronosticaban la aplastante victoria del favorito. Había demostrado carácter ante la adversidad y sobre todo, un arduo deseo de revancha ante una de sus pocas asignaturas pendientes. Los más atrevidos (la minoría), tenían fe en la victoria de aquél retador de reconocimiento y prestigio mundial. O al menos un empate que dejara inconformes a todos y con la decisión de nombrar a un ganador para otra ocasión. La suerte estaba echada. 

   Después de meses de provocaciones y promesas con tintes políticos, y con la esperanza de una pelea justa y cerrada que diera por vencedor al que así lo mereciera, llegó el día de la pelea. Inició como se había previsto. El retador, con nada que perder, empleó una estrategia de contragolpe. Tu sueltas un golpe, yo suelto tres. Y certeros. Y fuertes. De pronto la gente empezó a murmurar, ¿sería posible? No sería la primera vez que el campeón salía derrotado.

    Conforme fue avanzando la pelea, esta comenzó a emparejarse. Para los expertos, era imposible dar un pronóstico sensato. Todos los demás, ya teníamos a nuestro campeón. Nadie podría arrebatarle el título a aquél descarado que, contra todo pronóstico, había alcanzado el final de la contienda con ligeras opciones de ganar. 

   ¡Tiempo! No hubo oportunidad para más golpes. Los ahí presentes (ni modo que los ausentes) esperaban con incredulidad el resultado de tan pareja pelea. Como si no lo supieran ya…

    Lo demás, fue la crónica de una muerte anunciada (sí, estoy al tanto que ese es el nombre de una de las obras maestras de Gabriel García Márquez. Quite ya esa cara de “sospechosismo”, como dirían por ahí. Por cierto, ¿dónde queda “ahí”, que tantas cosas se dicen? En fin). Las cámaras enfocaban a uno, y luego a otro. De vuelta al uno, y de regreso al otro. ¿Se atreverían a negarle el triunfo a aquél que tanto había hecho por merecerlo? ¿Realmente le iban a dar la victoria a ese viejo mañoso que con artimañas ha sabido mantenerse en el ojo de la opinión pública durante años? 

Silencio, se va a anunciar al vencedor… 

¡LÓPEZ OBRADOR! ¿OTRA VEZ? NOOOOOOO… 

Pobre Marcelo Ebrard. Como dirían por ahí (Sí, otra vez ahí), será para la próxima. 

Pues eso.