Por Gabriela Delgado

Hay varias características por las que se puede definir lo que es violencia: estar fuera de un estado natural; un acto que se hace brusca y fuertemente, con intensidad e ímpetu; genio arrebatado que se deja llevar fácilmente de la ira; acto que se ejecuta fuera de acción y justicia. La violencia parte de una interacción humana que provoca o amenaza a un daño físico o psicológico grave. Aunque se puede generar una definición general de lo que es la violencia, cada región tiene una concepción distinta de este concepto, pues sus manifestaciones a lo largo de los años se han ejecutado de diversas formas.

Empecemos por Latinoamérica. A rasgos generales, América Latina ha sido un continente conquistado, civilizado y evolucionado por actos violentos. Desde la llegada de los españoles hasta nuestros días, las matanzas, masacres y guerras no cesan. Países como México –que tiene marcado acontecimientos como las matanzas de la conquista española, la Revolución de 1910, la batalla de Tlatelolco, una historia interminable de corrupción política y, ahora, el despertar público del narcotráfico–, Brasil –con su historia de las muertes en las favelas a causa del tráfico de drogas y la búsqueda por el poder en el pueblo, haciendo de estos barrios sectores considerados como de los más peligrosos del mundo, tanto por manejo de drogas como por delincuencia común– y Colombia –el cual es uno de los países con un mayor índice de violencia en las últimas décadas pues, aunque hoy en día el país ha mejorado sustancialmente en términos de narcotráfico, guerrilla y delincuencia en las calles, el período de violencia duró más de 60 años, una cifra impresionante y lamentable para la historia del país– son un ejemplo de el tipo de violencia que se ha manejado a lo largo de los años en este continente, a diferencia de los otros.

Pasemos a Europa. Este continente a participado y hasta inaugurado las peores y más crueles guerras, en mi opinión, a lo largo de toda la evolución de la humanidad. La historia de Occidente se rige por las confrontaciones tanto entre Europa con otros países, como entre países del mismo continente. A Europa le debemos las guerras de nuestra historia del siglo XVIII para atrás.

Estados Unidos, por otro lado, aunque también haya participado en guerras atroces y sea el causante de la más reciente, creo que es más fuerte aún la violencia que se ha llevado a cabo dentro de país. Pueda que sea un país que nunca haya tenido guerrillas, grupos paramilitares o revoluciones como las de Latinoamérica ( con la excepción de la Guerra de Secesión y las grandes atrocidades hacia las comunidades indígenas, por supuesto) pero, ¿qué me dicen de la masacre de Columbine, los asesinatos en la Universidad Virginia Tech en el 2007, la masacre de la Universidad de Texas en 1966 y todos los actos de violencia estudiantil que han surgido? Ni siquiera se tiene una razón lógica por la cual se llevaron a cabo la mayoría de estos actos, pero podemos asumir que proviene de un problema en lo más interno de la sociedad norteamericana: una violencia inculcada por ese ideal de perfección y riqueza que hace de los ciudadanos cada vez más solitarios, independientes y con el único objetivo de crecer económicamente.

Y qué podemos decir de toda la historia de maltrato y muertes en África y Medio Oriente por razones religiosas y de culto que, por más que se realicen por cuestiones de fe, son actos que, a mi parecer, no se justifican en lo más mínimo, y menos por una búsqueda de salvación. ¿Cuál es el punto de salvarse uno si se requiere maltratar o hasta quitarle la vida a alguien más? 

La violencia está en todas partes, de diferentes maneras, a diferentes tiempos. En últimas, sigue siendo violencia. ¿Cuál es peor? No lo sé. ¿Cuál es el punto de cualquiera de estas manifestaciones? Tampoco lo sé. Tal vez muchos de estos acontecimientos tengan una “razón” de origen, pero ninguna es justificable. La violencia no es justificable, en ninguno de sus aspectos. Desafortunadamente, nunca acaba, y seguramente nunca acabará. Nos toca vivir con lo que tenemos e intentar ser mejores nosotros, aunque no cambiemos el mundo. 

Si estuviera en sus manos, ¿cuál escogerían?