Por Gabriela Delgado

Me encontré unos textos del libro Mutaciones del cine contemporáneo, de Jonathan Rosenbaum y Adrian Martin [coordinadores, Errata Naturae, Madrid, 2010] sobre varios críticos de arte y cine que reflexionan sobre la evolución del cine y los cinéfilos desde los años 50 hasta nuestros días. Estos críticos, nacidos entre los años 60 y 70, cuentan sus experiencias sobre el amor y pasión que tienen hacia el cine, y cómo este ha ido cambiado tanto su enfoque a la hora de realización como el significado que quiere que el espectador capte y lo haga permanente en su ser.

 Lo que se me hace interesante de estas reflexiones no es tanto el cómo argumentan estos críticos sus posiciones acerca de lo que era el cine y lo que es ahora, sino el delimitar un cierto tipo de cinéfilos en diferentes épocas del siglo XX y siglo XXI. Los 5 escritores que aparecen en estos textos son de diferentes generaciones: unos vivieron su niñez en los 60 y otros en los 70.  Hay dos momentos en concreto que, según estos expertos en la materia, definen a materialidad y espíritu del cine en su totalidad: los años sesenta y los años ochenta.

 Sabemos que varios movimientos influenciaron en el surgimiento de una nueva percepción de la imagen en movimiento: La Nouvelle Vague, la revolución estudiantil de mayo del 68 en París, la guerra de Vietnam y el comienzo del dominio de los medios masivos de comunicación, por mencionar algunos. Directores como Godard, Truffaut, Renais y Rivette son sólo unos pocos de los magníficos realizadores del séptimo arte que apantallaron y marcaron la historia del cine con un enfoque espiritual, independiente, erótico y terrorífico. El sentimiento, el pensamiento y el deseo del ser humano eran su enfoque principal. Además, no hay una sola película de estos directores que no tenga que ser analizada desde percepciones psicoanalíticas, nietzscheanas y lacanianas. EL trasfondo filosófico es abrumador, y hacen de estas películas muy más interesantes. El cine es la representación y manifestación cultural de un pensamiento colectivo en concreto. 

Pero, es a partir de principios de los años 70 que este ideal de estudio del cine e interpretación filosófica del mismo empieza a cambiar debido al llamado “video en casa”. Kent Jones y Jonathan Rosenbaum, dos de los críticos de arte y cine que participan en los textos del libro citado previamente, hablan de este cambio cultural en la historia del arte cinematográfico y dicen que el video en casa ha tanto convertido a las películas en objeto de consumo como extendido y popularizado la cultura cinematográfica. Es cierto que una de las razones por las cuales el cine era tan apreciado en los cincuenta y sesenta era que el cine era un privilegio para muchos, no accesible para todos, pues sólo se presentaba en cinetecas y cines convencionales. Ahora, el cine está al alcance de todos, primero por la televisión, luego por la industria de venta y préstamo de películas, así como las empresas de cine que convirtieron a la imagen en movimiento una cultura empresarial, y ahora, con más acceso que nunca, donde se puede encontrar prácticamente cualquier película en internet, gratis. 

Hay una desventaja en la tan fácil accesibilidad y funcionamiento del video en casa. Como todo el mundo tiene acceso a ver películas y a hacer películas, pues hasta con un celular puedes hacer un buen video de cualquier tema posible, la calidad en cuanto a desarrollo de la narrativa ha decaído. La tecnología es una prioridad en las películas convencionales de hoy. Los efectos visuales impresionan más que la historia.

 Hay 3 revoluciones en el desarrollo de la imagen de movimiento que marcan nuestra época, dos analizadas por estos autores y una que yo agrego: los videoclips, los videojuegos e internet. Los videoclips son más de los ochentas y noventas, pero fueron una revolución para la música y la imagen en televisión. La experiencia música/movimiento evolucionó la manera de apreciar la música, pues ya no sólo se escuchaba, sino que se relacionaba con un paisaje o una acción. Después vinieron los videojuegos, originarios de principios de los años 90. Estos son completamente comparables con las películas pues, si alguno ha juago algún juego de Xbox o Play3 últimamente, ya no sólo se trata de mover a un personaje de diseño geométrico que va recogiendo moneditas, pasando obstáculos y ganando vidas, sino que ahora se trata de insertarse en una historia en donde uno, el que maneja el control, es el protagonista, que hace parte de una historia compleja que es la clave principal del desarrollo del juego. Además, las gráficas cada vez son más impresionantes. Ya no hay casi ninguna diferencia entre las expresiones de estos personajes y los dibujos en películas animadas. Y, por supuesto, Internet, que ha revolucionado el acceso a información y entretenimiento de todo tipo, a toda hora, para todos. 

Estos autores hablan de los sesenta como el arte del cine, de los ochenta como la revolución al videoclip y a nuevas tecnologías para la imagen cinematográfica y de hoy en día como una era multifacética de expresión cinematográfica, y gráfica en general. Hay mucho que decir todavía de estos pensadores y de su cambio de pensamiento a lo largo de los años que creo que vale la pena retomar en mi siguiente columna, pero termino esta con una pregunta. Si el cine era tan profundo, pensante y filosófico antes, ¿por qué se piensa que hoy en día no lo es?, ¿cuál es el pensamiento e ideal detrás de las películas de estos últimos años?